No hace mucho tiempo pensaba que Peter Pan era un mito y Nunca Jamás, un cuento de hadas.
Para mí no eran más que una historia que mi madre se había inventado en su locura.
Pero cuando la sombría presencia de Peter Pan se coló en mi casa y decidió llevarme a Nunca Jamás, no pude negarlo más.
En la isla, encontré mi lugar junto a él y los Niños Perdidos. Y, desde ese momento, no volví a mirar atrás.
Ahora estoy a su lado en una guerra de la que no podemos escapar.
Creíamos que habíamos derrotado a nuestros enemigos, que por fin tendríamos nuestro final feliz. Pero no contábamos con la aparición de un nuevo enemigo: un hada de alas doradas y un corazón oscuro y retorcido.
Quiere a Peter Pan y la isla, y nada la detendrá, aunque eso signifique tener que destruir a cualquiera que se interponga en su camino, incluso los de su propia sangre.